martes, 29 de noviembre de 2011

De los males de España

La prolífica obra del escritor romántico Mariano José de Larra (1809 – 1837) representa el compromiso con las nacientes ideas liberales y de progreso, entre las que destaca la de que no hay nada que impida que España se incorpore a la modernidad salvo los valores equivocados de personas y clases sociales y los defectos que ya se han convertido en costumbres. Tal vez uno de sus artículos más conocidos sea "Vuelva usted mañana" (1833), donde la crítica a la holgazanería y la falta de civismo coincide con la percepción actual de muchos ciudadanos de cómo funcionan las cosas en nuestro país.


* Foto del Heraldo de Aragón.


El escritor y ensayista uruguayo de origen español Fernando Aínsa escribió, en un género bien distinto, sobre todo por la extensión, un microrrelato que vendría a  ser una versión actual de ese mismo tema.


 

 

 Cualquiera Pudo Haberlo Hecho

Esta es la historia de cuatro personajes llamados Todos, Alguno, Cualquiera y Nadie que trabajaban en una Burocracia Ministerial. Había una tarea administrativa importante que realizar. Todos estaban seguros de que Alguien lo haría. Cualquiera pudo haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. Alguien se indignó porque era el trabajo de Todos, pero Nadie se dio cuenta de que no lo haría Cualquiera. Al final Todos protestaron a Alguno cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho.

Prosas entreveradas (2002)
Quimera. Nº 231, junio de 2003.



viernes, 25 de noviembre de 2011

25 de noviembre, Día de las Librerías

Como si de un ser moribundo se tratara, la asociación de libreros CEGAL, organiza por primera vez, hoy 25 de noviembre, el día de la librería. Y no es para menos, los libreros tienen sus  días contados, y como el resto de las minorías maltratadas, o como en este caso, en vías de extinción, necesitan de un día al año para que, aunque sea con una tenue voz, hacerse oír y declarar a los cuatro vientos que ellas también existen.

http://www.diadelaslibrerias.es/

Hoy en día, todavía son muchos los que se han puesto una venda en los ojos y no quieren ver lo que a todas luces resulta evidente: las librerías virtuales, día tras día, van ganando cada vez más consumidores, pues realmente los bibliófilos, con este nombre tan literario, no somos más que consumidores de un bien de consumo, cultural, sí, pero en resumidas cuentas, de consumo.

Y no faltarán las voces discordantes y las acaloradas opiniones de estos acongojados bibliófilos y bibliotrópatas atribulados que se resisten al cambio. Pero no será que cuando hablamos de librerías, quizás las estamos idealizando y cada vez que pensamos en ellas nos las imaginamos como el Cementerio de los Libros Olvidados en La sombra del viento, o la de Zaratustra en Luces de bohemia, con grandes columnas de libros amontonados y polvorientos, sin ningún orden aparente, sólo el del librero que conoce todos y cada uno de sus libros, y con arcanos tesoros bibliófilos aguardando ser descubiertos por nosotros. Sin embargo la realidad es bien distinta: grandes y exitosas cadenas de librerías, o incluso pequeñas, que para el caso lo mismo da, pues todas coinciden en mostrar cuidadosa y ordenadamente, siguiendo las más escrupulosas reglas de merchandising para promover el autoservicio de bestsellers, principalmente novedades o libros de rabiosa actualidad o recuperaciones de éxitos pasados pero bajo la etiqueta  de inédito en un sello independiente; por lo que creo que esas utópicas librerías sólo han quedado para materia de una novela de Vilas-Mata.

Quizá esta celebración  no sea más que la crónica de una muerte anunciada, y más que una fiesta ha de ser un tiempo para la reflexión, pues a los libreros, como a los bibliotecarios, otro gremio que va a pasar a engrosar la lista de los oficios tradicionales desaparecidos, no les queda más que reinventarse si quieren vivir de aquello que más le gusta. Aún no lo tienen todo perdido, pues en su haber tienen algo que no poseen las librerías virtuales, el trato humano, el reconocer ese libro que más se ajusta a tus gustos literarios, y que él conoce mejor que nadie, y en definitiva, como dice la CEGAL en su declaración de principios, el librero es aquel que tiene la capacidad de hacer de su librería un destino único.

viernes, 18 de noviembre de 2011

EL OFICIO DE ESCRITOR

Existe la opinión generalizada de que el escritor como tal, no es un oficio, porque cualquiera que haya aprendido esa habilidad en el colegio, lo puede hacer. Y en parte, sólo en parte, es cierto. Cualquiera puede coger una hoja de papel y un bolígrafo, o bien sentarse delante del ordenador, y escribir un relato basado en la experiencia o un poema desgarrador por un amor no correspondido, y con ello ya se considera escritor. Pero desgraciadamente para los que piensen que así es, siento desengañarlos, esto no es verdad. Un escritor se hace a base de trabajo, constancia y método.
Para todos aquellos que aún así quieran continuar con este sacrificado oficio, le dejo estas singulares recomendaciones de Roberto Bolaño.


NÚMEROS

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos:
  1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
  2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
  3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
  4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
  5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
  6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
  7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
  8.  Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
  9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
  10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
  11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
  12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Quimera, Nº 166, febrero 1998 y Nº 241, marzo, 2004.

martes, 15 de noviembre de 2011

DÉLITOS O FALTAS

Recientemente he participado como jurado en un concurso de relato breve on line, y entre los distintos miembros se estableció un interesante debate sobre las faltas de ortografía. Opiniones hubo para todos, desde los más ortodoxos que rechazaban directamente el relato sin considerar otros valores como la originalidad del cuento, por ejemplo, hasta los más permisivos y benévolos que no les daban una excesiva importancia, considerando que no era un problema grave que no tuviera solución. 

Como es un tema que me tiene bastante preocupado últimamente, ya que no sé si debe a la edad, o al acomodamiento frente al corrector automático del Word, o a ambas cosas, pero lo cierto es que como ahora cometo más faltas que en mi época de estudiante, me dediqué a pasearme por la red para saber en qué estado se encuentra la cuestión, y opiniones hay para todos los gustos.
La primera con la que me encuentro es la de un escritor versado en temas de autoayuda, quien excusa sus faltas aludiendo a la cantidad de textos que tiene que escribir diariamente, por lo que para él lo de las faltas de ortografía es algo secundario. Según su propia opinión, él se centra más en escribir con creatividad, ya que sus lectores lo leen porque les gusta lo que escribe, y no porque esté impecable de faltas.  
También está la del profesor de Lengua y Literatura y con varios libros publicados, quien intenta justificar sus escasas faltas ortográficas, apelando a criterios de hipercorrección lingüística o fonético-fonológicos, y buscando razones ocultas en su subconsciente para intentar explicar por qué las cometió.  
Pero quizás el caso más curioso que he encontrado es un artículo, supongo que de una profesora aunque no he encontrado más datos sobre ella, que ha escrito sobre “La importancia de las faltas de orotografía [sic]”, en el que destaca su valor como uno de los puntos más importantes para el desarrollo y aprendizaje de los niños.
Ejemplos como se ven hay muchísimos, y podemos compartir en mayor o menor medida estas opiniones,  pero hay un hecho que al menos a mi me ha demostrado la experiencia, cuando lees un relato, una página web, o cualquier tipo de texto, con una gran corrección ortográfica, denota una mayor calidad literaria, en el caso de los cuentos, o una mayor fiabilidad, en el caso de las páginas web.
Sin embargo la cuestión sigue estando latente, y no presenta muchos visos de mejorar, lo cual me lleva a preguntarme si no tendrá razón Gabriel García Márquez, cuando en su discurso de apertura del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas, nos animaba a que jubiláramos “la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una”.

viernes, 11 de noviembre de 2011

CARLOS EDMUNDO DE ORY

Hoy, 11 /XI/ 2011, fecha más poética, o si se prefiere postista donde las haya, se conmemora el primer aniversario de la muerte del poeta Carlos Edmundo de Ory, fundador junto a Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi del movimiento poético Postisimo, último “ismo” de los movimientos de vanguardia española.

En demasiadas ocasiones se le ha calificado de poeta incomprendido, e incluso de poeta maldito, pero lo cierto es que de Ory fue un adelantado a su tiempo, o mejor dicho, le tocó vivir en esa España de la posguerra, anaftalinada y de traje de domingo con olor a sacristía, donde su poesía vanguardista, imprevisible, heterodoxa, en ocasiones burlona o divertida, no tenía lugar. Su posición de outsider en el mundo de las letras, le costó caro, pues su valor literario no se le reconocería hasta 1970, cuando Félix Grande hiciera su primera antología.

Como suele suceder injustamente a muchos otros escritores, Carlos Edmundo de Ory no recibió muchos galardones ni reconocimientos en vida, y puesto que somos más dados a conmemorar  necrológicas, sirva al menos para restituir su memoria literaria en el lugar que se merece y disfrutar del mayor galardón que él nos dejó a nosotros, su poesía. 
 
FONEMORAMAS
Si canto soy un cantueso
Si leo soy un león
Si emano soy una mano
Si amo soy un amasijo
Si lucho soy un serrucho
Si como soy como soy
Si río soy un río de risa
Si duermo enfermo de dormir
Si fumo me fumo hasta el humo
Si hablo me escucha el diablo
Si miento invento una verdad
Si me hundo me Carlos Edmundo

Metanoia (1978)